Hey, la de mochila negra
pintando carteles y banderas rojas, qué linda.
Pero en la ciudad vivimos un gran simulacro:
el Che Guevara arrancaría su cara de tu remera
y no sos lo que pensás,
ni esto es poesía;
todo se redujo ya irremediablemente a objeto de consumo,
una bestia acecha sin tregua. Pero aún podemos enredarnos,
ahora mismo los dos
y hacer magia.
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